Los que me conocen realmente saben de mi carácter hedonista.
Muchos me han oído hablar sobre la necesidad de vivir intensamente los momentos
felices ya que vivo en la convicción de que la felicidad plena no existe.
Considero que vivimos en la búsqueda permanente de una falacia que nunca llega.
Una meta que nunca hemos de cruzar porque siempre habrá obstáculos que nos
harán recordar que tenemos los pies de barro. Levantamos castillos en el aire
que, irremediablemente, están condenados a esfumarse por mor de avatares que no
controlamos. Perseguir obsesivamente la fama, el dinero o el amor creyendo que
al conseguirlo tendremos una vida plena de felicidad es, simplemente, un
autoengaño. La propia vida se encargará irremediablemente de desmontarnos ese
efímero castillo de sueños. Reconozco una cierta pesadumbre en el comienzo de
este artículo, quizá motivado por mi experiencia como gran constructor de
castillos que el paso del tiempo, las circunstancias u otras personas se han
encargado de derribar una y otra vez. Es por ello que medeclaro proclive a los
placeres más inmediatos, al hedonismo más cercano. Ser hedonista es aplicar al
máximo el “Carpe Diem” de la Roma clásica: “Vive cada momento de tu vida, como
si fuese el último de tu existencia”. El hedonismo es una teoría moral que
sitúa al placer (hedoné) en bien último o supremo de la vida humana. De esta
forma, disfruto de placeres como el tomar una copa de amontillado en compañía
de buenos amigos en la Tasca San Pablo o el Entrevinos; con un largo paseo, sin
prisas, al atardecer, desde Fuentebravía a Las Redes; comiendo palomitas
mientras veo una buena película bien en casa o bien en el cine; jugando al
fútbol o al escondite con mi hijo en el patio de casa; disfrutando de un buen
concierto en directo; o simplemente exprimiendo un íntimo instante de reflexión
al abrigo de una noche cualquiera. Es más simple de lo que creen, pero a la vez
complejo de asimilar. Esos instantes están tan cerca que, a veces, no los
observamos. En ocasiones busco, preveo esos momentos felices. En otras aparecen
inesperadamente y, entonces, intento no dejarlos escapar. Los exprimo, los
dilato para saborearlos al máximo, consciente de que igual otro día llegarán
momentos parecidos pero nunca, nunca serán iguales.domingo, 5 de mayo de 2013
SOY UN HEDONISTA
Los que me conocen realmente saben de mi carácter hedonista.
Muchos me han oído hablar sobre la necesidad de vivir intensamente los momentos
felices ya que vivo en la convicción de que la felicidad plena no existe.
Considero que vivimos en la búsqueda permanente de una falacia que nunca llega.
Una meta que nunca hemos de cruzar porque siempre habrá obstáculos que nos
harán recordar que tenemos los pies de barro. Levantamos castillos en el aire
que, irremediablemente, están condenados a esfumarse por mor de avatares que no
controlamos. Perseguir obsesivamente la fama, el dinero o el amor creyendo que
al conseguirlo tendremos una vida plena de felicidad es, simplemente, un
autoengaño. La propia vida se encargará irremediablemente de desmontarnos ese
efímero castillo de sueños. Reconozco una cierta pesadumbre en el comienzo de
este artículo, quizá motivado por mi experiencia como gran constructor de
castillos que el paso del tiempo, las circunstancias u otras personas se han
encargado de derribar una y otra vez. Es por ello que medeclaro proclive a los
placeres más inmediatos, al hedonismo más cercano. Ser hedonista es aplicar al
máximo el “Carpe Diem” de la Roma clásica: “Vive cada momento de tu vida, como
si fuese el último de tu existencia”. El hedonismo es una teoría moral que
sitúa al placer (hedoné) en bien último o supremo de la vida humana. De esta
forma, disfruto de placeres como el tomar una copa de amontillado en compañía
de buenos amigos en la Tasca San Pablo o el Entrevinos; con un largo paseo, sin
prisas, al atardecer, desde Fuentebravía a Las Redes; comiendo palomitas
mientras veo una buena película bien en casa o bien en el cine; jugando al
fútbol o al escondite con mi hijo en el patio de casa; disfrutando de un buen
concierto en directo; o simplemente exprimiendo un íntimo instante de reflexión
al abrigo de una noche cualquiera. Es más simple de lo que creen, pero a la vez
complejo de asimilar. Esos instantes están tan cerca que, a veces, no los
observamos. En ocasiones busco, preveo esos momentos felices. En otras aparecen
inesperadamente y, entonces, intento no dejarlos escapar. Los exprimo, los
dilato para saborearlos al máximo, consciente de que igual otro día llegarán
momentos parecidos pero nunca, nunca serán iguales.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Soy edonista tambien
ResponderEliminarOye que hermosa reflexión, tenía otro idea sobre el Hedonismo pero ya veo que no es así. Saludos desde Altotonga, Veracruz, México. ;)
ResponderEliminarBuen aporte sobre el hedonismo
ResponderEliminar